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O-Magazin - Reflexiones y Experiencias Om
Diario de un viaje a Etiopia noviembre-2007
 

 

 

ETIOPÍA

 

DIARIO DE UN

VIAJE AL CORAZÓN DE LA MISERIA

 

 

1 A 20 DE NOVIEMBRE 2007
CUADERNO DE VIAJE

 

ETIOPÍA - 1 A 20 DE NOVIEMBRE

 

 

 

Dicen que escribir un diario induce a la reflexión, yo creo que es al revés, la reflexión que provoca la observación de la realidad más inmediata nos hace sentir la necesidad de poner orden en todo el caos de sentimientos y sensaciones a través de la escritura en un inútil intento de encontrar explicación a todo lo que sucede a nuestro alrededor.

 

Nunca llevo aprioris a un viaje pero he de reconocer que éste es un tanto especial. He estado en sitios muy dispares y alejados entre sí y no me refiero sólo a la distancia, pero soy consciente de que este viaje implica mucho más que el simple contacto con otra cultura, es también un viaje hacia el interior de uno mismo, un cuestionamiento de la condición humana, y bien interpretado creo que es también una maravillosa oportunidad de enriquecimiento personal. Las cosas que caracterizan a un país como Etiopía tienen poco que ver con el turismo (aunque uno puede realizar esa clase de viaje), pero a mi entender ésta es otra faceta que queda en segundo lugar cuando "observas" lo que pasa con otros ojos, no como turista y sí como viajero que no se dedica a interpretar o comparar. Nada de eso sería real. Etiopía tiene una trastienda, y estar en un sitio como el del padre Ángel significa una maravillosa oportunidad de poder entrar en esa trastienda sin sentirte tan ajeno ni fuera de lugar. No hay vergüenza, no hay temor, y sí contactar con el alma de la gente que pulula por la última calle del último barrio más pobre de la ciudad, con sus virtudes y sus defectos.

 

No sé que saldrá de mi pensamiento a resultas del choque que supone entrar de lleno hasta el fondo de esa otra "cocina del infierno" que es el tercer mundo. Me gustaría saber y recordar, releyendo este diario, como me sentiré en el momento en que sucedan las cosas. A veces uno se extraña de las reacciones que tuvo en un momento dado de su vida, como si fuera asombrado y ajeno espectador de sí mismo.

 

 

31 de octubre de 2007 - Miércoles

 

Dejo corriendo el Registro Civil a las 2 de la tarde aproximadamente. Estoy bastante tenso, sobre todo por recordar todo lo que tengo que llevarme a un sitio donde algunas cosas sé que van a ser imposibles de conseguir, aún le queda mucho al Corte Inglés para llegar hasta allí. Repaso las listas y las vuelvo a repasar. Me despido de la gente. Mi primo Roberto viene a por mí, comemos unas tapas por el camino, le estoy muy agradecido por llevarme hasta Madrid, me hace la despedida mucho más llevadera, vamos todo el camino hablando y escuchando música, sobre todo canciones de Roberto Carlos que me recordaron viejos tiempos. Nos da la risa cuando gastando bromas llegamos a la conclusión de que al principio de tener a mi perra, Luna, no paraba de temblar y no ladraba nada porque nos la habían entregado en modo vibración J.

 

En Madrid encontramos rápidamente el hotel con el GPS, maravillas de la tecnología que nos hacen la vida más cómoda. Nos fuimos a cenar a un chino y a dormir pronto, el verdadero viaje empezaba al día siguiente muy temprano.

 

 

1 de noviembre de 2007 - Jueves

 

A las 3 de la madrugada estábamos arriba, fuimos a la Terminal 2 de Barajas y después de facturar nos despedimos. El viaje hasta Ámsterdam fue muy tranquilo, llegamos a la ciudad amaneciendo, estaba todo nublado, y al iniciar la maniobra de aterrizaje la vista aérea me pareció maravillosa con los tonos verdes y ocres de los bosques que circundaban a la ciudad y sus canales. Anoté mentalmente que quedaba como viaje pendiente ver Ámsterdam con tranquilidad.

 

El aeropuerto era grandísimo de recorrer así que lo primero que hice fue buscar la puerta de embarque y después caminar un poco más tranquilamente por los alrededores. Allí me enteré que el avión hacía escala en Jartum, la capital de Sudán. En la sala de espera para embarcar casi todos eran de Sudán y Etiopía (o al menos el color de la piel era pelín más oscuro que el mío). El avión era el más grande de los que yo había montado hasta ahora, tres filas de asiento, 4 en el centro y 2 a cada lado, pantalla en todos los asientos para ver películas, música, el GPS del propio avión donde va indicando que zona sobrevolamos, etc., intento ver películas en español pero es español-mejicano y me suenan bastante ridículas así que finalmente me inclino por un documental sobre Pink Floyd y cómo se hizo su álbum más emblemático "The dark side of the moon", que tantas veces he escuchado, hablan los músicos en la actualidad y poco queda de aquellos que formaron la mítica banda de Rock, pero su obra permanece tan maravillosa como entonces.

 

Una vez en el avión es estimulante para la vista la variedad de colores, túnicas, peinados, etc. de toda la gente en el avión. A mi lado un señor muy mayor con una túnica y venda que le envuelve la cabeza, todo de color blanco, su piel es muy oscura. También hay 5 militares de Naciones Unidas, por los datos en la chapa que los identifica veo que son de diferentes nacionalidades. Dos asientos por delante un reportero de la Nacional Geographic se sume rápidamente en un profundo sueño.

 

Una vez en el aire por la ventana veo una cadena montañosa nevada muy bonita que deben ser los Alpes, posteriormente veo en la pantalla que sobrevolamos zonas de muchísima historia, humana y mítica, como el desierto del Sahara, el Río Nilo, el Mar Rojo, etc. Llevo bastante sueño encima pero me es muy difícil conciliar el sueño en un asiento de avión sobre todo por los dolores de espalda y cuello, de vez en cuando me levanto y ando por el pasillo para activar la circulación, son muchas horas de vuelo. Llegamos a Sudán y veo que hay 35 grados y eso que eran las 8 de la noche, y pienso que en la palabra "Sudán" se han equivocado al poner el acento.

 

De camino a Addis Abbeba el avión va con la mitad de pasajeros aunque han subido algunos nuevos en Jartum. Durante el trayecto creo recordar que la foto del niño agonizante con un buitre a su lado esperando el momento de la muerte era de este país. Según me contó Ismael el fotógrafo no pudo soportar la presión por las acusaciones de no prestar ayuda al niño y acabó suicidándose a los 3 meses de tomar la foto (que fue premio Pulitzer), el fotógrafo alegaba que había muchos niños en la misma situación.

 

Finalmente llego a las 10 de la noche al aeropuerto de Addis Abbeba, mucha tensión, el cinturón, el visado, la maleta..., ya empiezo a hacerme una idea de lo que es el país,  pago los 20 dólares del visado de entrada y a la salida busco a mi taxista, Bushe, pero no aparece por ningún lado. Se me acercan 2 o 3 taxistas ofreciendo sus servicios pero les digo que espero a alguien en concreto y me dejan tranquilo. Finalmente y después de 15 minutos buscándole me empiezo a preocupar, había hablado con él y le había dicho la hora correcta de llegada (faranji time - horario extranjero que son 6 horas de diferencia) pero ya no estaba seguro, al acercarse otro de los taxistas me ofreció hacer una llamada a Bushe desde su móvil y acepté, lo llamó y lo localizó, estaba entrando en ese momento en el aeropuerto y lo vimos acercarse. Alegría contenida. Le di 10 birr al taxista por la llamada y las gracias más efusivas.

 

Bushe se convierte en mis pies y mis manos en la capital. Su taxi es bastante viejo y pintoresco pero parece que (milagrosamente) funciona. Habla inglés básico muy entendible, sonríe mucho y se conoce la ciudad y sus rincones más ocultos como la palma de su mano. Es religioso, ortodoxo. Le gusta mucho hablar y preguntar por la vida en tu país. Me lleva al hotel, de camino la impresión que me da la ciudad de Addis Abbeba es mucho peor que la de El Cairo, concretamente recuerdo que la sensación que tenía es de estar entrando en los barrios más pobres de la ciudad, muchas calles no tenían ninguna iluminación y la mayoría de casas estaban compuestas de paneles de metal que querían completar una "vivienda" pero con muchos huecos por donde debía entrar frío o calor sin problemas, pues al final resulta que no era ningún barrio sino el centro de la ciudad, concretamente a dos calles de la llamada Piazza, zona central de la vida en la capital etíope.

 

Una vez en el hotel no entendía lo que la recepcionista me decía en inglés y me di cuenta de que no la entendía porque hablaba peor inglés que yo (que ya es decir) así que tuve que cambiar el chip e intentar entender el gesto que acompañaba a la palabra, en este caso me preguntaba si quería la habitación con ducha interior y agua caliente. Al llegar a la habitación se me cayó el alma a los pies (y eso que había mucho peores y sin ducha dentro), dos "camas" y una cortina por mobiliario, una bombilla con una muy tenue luz, nada más, pero estaba mentalizado para la situación y saqué el insecticida, rocié la "moqueta" y las sábanas, del suelo salieron 3 o 4 bichos trepando por la pared y allí terminé de rematarlos. Caí rendido y dormí toda la noche pero de puro cansancio, no porque la habitación invitara a ello.

 

 

2 de noviembre de 2007 - Viernes

 

Antes de acostarme había intentado darme una ducha en aquel "lujoso" baño y resultó que el agua salía helada, el agotamiento me hizo desistir en ese momento pero a la mañana siguiente me armé de valor y me metí dispuesto a aguantar estoicamente los embates del agua fría y... ¡oh milagro de milagros! el agua salió caliente. Bushe me confirmó después que sólo se dispone de agua caliente unas horas al día y concretamente por la mañana, lección aprendida.

 

En primer lugar fuimos a la Entoto Avenue en donde se encuentra ubicada la embajada española, yo no paraba de mirar por la ventanilla las cosas que me llamaban la atención, animales por todos lados, vehículos que parecía increíble que se movieran de los viejos que estaban, la gente andando por la carretera en un infinito caos de tráfico, etc. Me llamó igualmente la atención los carteles anunciando la celebración del Millenium, le pregunté a Bushe y me informó que según su calendario ellos acababan de entrar en el 2º milenio, concretamente el 12 de septiembre, ya que llevan 7 años de retraso con respecto al nuestro, la razón de esa diferencia de años es que al parecer cada vez que Haile Selasie salía del país paraban el calendario hasta que el susodicho rey volvía (manda huevos). En todo caso lo cierto y verdad es que el país se rige por el calendario gregoriano. Igualmente los meses se organizan de otra manera (12 meses de 30 días y uno extra de 5 ó 6). También las horas son distintas, las 00 horas de ellos son las 6 de la madrugada nuestras, así que había que dejar muy claro todo esto en citas y facturas ("faranji time" or "local time"), concretamente tengo una factura de restaurante de este día en la que aparece 23-2-2000, ya lo aclararé con Hacienda L.

 

También me llamó muchísimo la atención ver a bastantes parejas de hombres cogidos de la mano en señal de estrecha amistad, es costumbre del país. En realidad uno deja la mano muerta y el otro lo coge de la muñeca. Lo más chocante para mí fue ver a dos hombretones militares cogidos de la mano, quedaba muy... "guay" .

 

Una vez  que llegamos a la embajada española me bajo del coche y veo a un hombre por en medio de la calle cargando a sus espaldas un vacío ataúd del tamaño de un niño, como quien lleva un saco de patatas. En la Embajada las medidas de seguridad son extremas (por Al Qaeda en toda África según me dicen), detector de metales, cacheo, llamada de teléfono, acompañamiento hasta la oficina, cristal oscuro (y supongo que blindado) para la funcionaria que atiende. Relleno un impreso y doy cuenta de itinerario por el país, teléfonos de contacto aquí y en España, domicilios etc. Hablo con dos funcionarios de la Embajada y le comento sobre uno de los objetivos de formación profesional de los chicos de la calle y me recomiendan preguntar en la Cámara de Comercio por las empresas capaces de hacer el proyecto. Endris, contacto en Addis Abbeba, podrá hacer esa gestión también. Agradezco a los funcionarios el tiempo dedicado y sigo ruta, recuperando mi cartilla de vacunación y gafas de sol que con todo el trasiego de seguridad me había dejado olvidados en el detector de metales.

 

Me reuní con Endris a las 12 aproximadamente, me pareció una persona muy agradable y sonriente, se mostró sumamente interesado con el proyecto y lo apoyaba como una loable alternativa de ayuda al desarrollo. Comimos juntos y charlamos sobre las posibilidades reales del mismo así como el interés de que él mismo supervisara el proyecto si finalmente se ponía en marcha, sobre todo para que no degenerara en una mera explotación infantil sin ningún tipo de formación profesional para los niños, me da a entender que es muy consciente de eso. La entrevista se desarrolló en un entorno muy agradable y entendiéndonos bastante bien. Me invita a que cuando acabe lo que tengo que hacer en Addis le llame nuevamente para tomar algo por la noche.

 

Seguidamente Bushe me lleva al mercado negro donde él mismo se baja del coche y cambia 300 Euros a la moneda local, en total 3.900 Birr, me dice que si no me lo gasto todo después se puede hacer el cambio a la inversa. Bushe me confiesa que realmente no se llama así, que es un apodo que él mismo se puso para que todo el mundo recordara su nombre ya que era como Bush (el presidente de Estados Unidos) pero con una e añadida, le digo que si es por eso a partir de ese momento le iba a llamar Tomás, se ríe y le parece bien. Al momento caigo que se parece muchísimo a un actor americano negro que hace comedia del cual no recuerdo su nombre.

 

Después vamos a ver a Mónica, la mujer maltesa que lleva una ONG con ayuda a niños discapacitados de Addis Abbeba. El energético taxista me lleva por una zona que tiene algo de mejor pinta, al llegar nos dicen que Mónica no está. De vuelta Bushe recoge a una mujer, allí es costumbre que los peatones pidan que te lleven en el coche pero él nunca hace caso, en esta ocasión hace una excepción, me dice riendo, porque la mujer es muy guapa, ella me pregunta de donde soy, y entre ellos hablan en amherico.

 

Después me lleva a un ciber-café, je!, un habitáculo de 3 metros cuadrados con más mierda que el sobaco de una mona, lleno de cables viejos por todos lados, con las paredes ruinosas y la conexión (en toda Etiopía) es de 40-50 ks, un desastre. Me armo de paciencia y envío un par de correos. Una chica que había a mi derecha no para de mirar lo rápido que muevo las manos sobre el teclado, parece un poco sorprendida, le digo de qué manera tiene que poner los dedos sobre las teclas y lo intenta, tiene una sonrisa abierta que me contagia.

 

Posteriormente y con el objetivo de sacar billete para Makele, ida y vuelta,  vamos a las oficinas que Etiophian Airlines tiene abiertas en el Hotel Hilton donde se celebra una convención de una conocida ONG americana, allí todos trajeados y peripuestos, con azafatas de postín y carteles en papel gamuza, gastando más dinero del que seguro llega al destino final y yo por allí en medio buscando los toilettes, en vaqueros guarros con unos miles de euros escondidos en el cinturón para llevar directamente a donde realmente hacía falta y no a las arcas del Hotel Hilton.

 

En las oficinas de Ethiopian Airlines nos informan que el "system is down" y que vayamos a la Piazza donde están las otras oficinas. Dicho y hecho. Nos plantamos allí y el resultado fue un lío de tres pares de narices. En un principio nos dicen que no hay billete hasta el jueves, veo que le pregunta a Bushe su nombre, después que sí, después que no hay directo, etc. Al final llamo a Ángel y me coge el teléfono Belén, le informo que llegaré sobre las 11 o 12 ya que tengo que ir a través de Lalibela, después volvemos a la oficina de la Cía. aérea y nos dicen que no, que el vuelo es directo y que sale a las 6 de la mañana. Llamo otra vez a Ángel, esta vez sí hablo con él directamente y le digo que llegaré sobre las 7. Perfecto.

 

Nos montamos en el taxi y detrás se montan una pareja amiga de Bushe. Curiosa historia. Él es alemán, lleva mucho tiempo aquí en Etiopía, está casado con una etiope allí presente, tienen un hijo y viene otro de camino. Él toca el saxofón todas las noches, música jazz, en un pequeño local de la capital y da clases de música a niños pequeños de forma desinteresada. Le digo a Bushe que a la vuelta tenemos que acercarnos al local, los dejamos en algún lugar del centro de la ciudad y después me lleva al hotel a descansar un rato ya que hay que levantarse muy temprano. Me da por pensar, no sé por qué, sobre que dirían los compañeros de colegio del amigo alemán de Bushe si supieran cual es su actual vida.

 

Después Bushe me lleva a un local de música a toda leche, con mucho ambiente, en el que había quedado con Endris, el cual me invita a un plato de injeera con carne, no sé de qué tipo, estaba buena, se sorprenden de que no tome cerveza, prefiero tomar agua. Endris me dice que en Addis Abbeba viven más de 5 millones de personas, aunque oficialmente hay registradas alrededor de unos 3 millones.

 

El cansancio va haciendo mella y me despido de Endris hasta la vuelta de Makele, nos despedimos a la manera etíope, dándonos la mano y tocándonos mutuamente el hombro derecho y apoyando la cabeza en actitud cariñosa. Me gusta el saludo. Entre el taxista y Endris se intercambian tarjetas y saludos, he sido el celestino de esa amistad, quien sabe si beneficiosa y duradera para ambos.

 

 

3 de noviembre de 2007 - Sábado

 

¿Cómo empezar a contar todo lo que ha pasado hoy? Lo cierto es que ha sido un día muy intenso. He acabado agotado pero agradecido de poder vivir todo esto, y eso que aun no he empezado con los niños....

 

Me levanté a las 3 de la madrugada para estar en el aeropuerto de Addis Abbeba a las 5 aproximadamente, ya que el avión salía a las 6.10 hacia Makele, así que la verdad es que duermo poco y mal con la tensión de no quedarme durmiendo a la hora en que tenia que estar Bushe a recogerme. Ambos fuimos puntuales. Cuando a las 4 de la madrugada salí cargado con las maletas había dos personas en el patio exterior del hotel en medio de la oscuridad y el silencio que acompaña a la noche en esas horas, el recepcionista y un taxista, el cual me invitaba a meter las maletas en su coche, le indiqué que venía a recogerme otro taxista pero él dejó la puerta de su maletero abierta y volvió a charlar con el recepcionista, se ve que no tenía mucha confianza en que realmente vinieran a recogerme a esa hora.

 

Bushe no había dormido porque había tenido que llevar al aeropuerto a otro cooperante español que iba hacia Calcuta. Pasamos por unas calles.... la mayoría de ellas casi totalmente a oscuras, la iluminación en las calles de Addis es muy pobre o inexistente. Había mucha prostitución, desde la calle se veían los exteriores de los prostíbulos que se constituían en algunos casos de una pequeña habitación en la que predominaban las luces rojas y azules. En la puerta de la mayoría de locales se podían ver mujeres muy jóvenes hablando con los clientes algunos de los cuales las agarraban y las besaban. Unos pocos de esos clientes presentaban evidentes síntomas de ir bebidos, pero ellas no hacían nada para rechazarlos en aquellas condiciones. Me preguntaba cuantas historias de vida y muerte podían contar aquellas calles que cambiaban su traje de pobreza por el de vital prostitución al llegar la noche. Bushe me comentó el peligro del sida del cual estaban infectadas la gran mayoría de las prostitutas, porque eran obligadas en muchas ocasiones a mantener relaciones sin protección alguna. Ellas empezaban muy jóvenes, algunas desde los 12 o 13 años, introducidas por pura obligación de subsistir,  en locales llenos de humo y alcohol. Aquí todo el mundo es humillado u obligado a humillar para sobrevivir.

 

Durante el trayecto pagué a Bushe por estar casi exclusivamente conmigo esos dos días, 500 birr más una propina, lo que al cambio suponían unos 50 euros, una cantidad ridícula en España, como en tantas otras cosas. Le agradecí mucho todo lo que había hecho conmigo y sobre todo que me regalara el pañuelo con la bandera de Etiopía, el cual me recomendó llevar también en Makele y Wukro, él también se mostró agradecido con la labor de la ONG y hablamos de religión y aledaños. Él es cristiano ortodoxo como la mayoría en el país. Hay una minoría musulmana localizada mayormente en el sur del país. Nos despedimos en el parking del aeropuerto con el típico abrazo etiope dándonos mano y hombro con más efusividad de lo habitual, a él no le dejaban acceder al aeropuerto.

 

En el propio parking un soldado me pidió un tanto enfadado (al principio no lo entendí por lo atípico del caso) que le enseñara el billete de avión (¡en el parking!) y el pasaporte, hasta 4 veces tuve que repetir la misma operación, y 2 veces pasé por el detector de metales, el cual me sonó en el segundo detector con el cinturón y me hicieron quitármelo pero no lo examinaron (¡uf!).

 

En la sala de espera, antes del embarque, fui de los primeros; el aeropuerto estaba bastante vacío y desolado a esas horas, me pasaron una hoja fotocopiada con una encuesta que realizaba Ethiopian Airlines sobre que me parecía el horario del vuelo. Una vieja radio parecía esforzarse por sonar desde detrás del mostrador de una pequeña cafetería con muy poca luz.

 

Hacía bastante frío en la sala de espera pequeña, sucia y oscura, algunas ventanas estaban abiertas y en ocasiones se oían los ruidos atronadores de los aviones pasando cerca. Finalmente embarcamos en el avión y al poco rato me dormí pero fui despertado bastante bruscamente por el especial "azafato" del avión que en ningún momento le oí emitir un sonido gutural ni esbozar una sonrisa, me ofrecía una especie de sándwich que no llevaba nada dentro (apenas el sabor de algo remotamente parecido al queso) y una bebida a elegir (agua como casi siempre). Cuando hacíamos el pasillo de salida hacia la escalerilla del avión el "azafato" miraba hacia el techo con cara de... "pasaba por aquí" y sin decir ni mú.

 

Durante todo el trayecto sobrevolamos nubes y al llegar al aeropuerto de Makele seguía nublado, hacía un frío bastante intenso y de camino a la sala de espera pensaba lo contradictorio de venir a África a pasar frío, vaya tela.

 

Cuando llegué al aeropuerto de Makele eran las 7.45, no había nadie esperando y supuse que llegarían más tarde dada la distancia desde Wukro al aeropuerto. Me senté a esperar resguardándome lo más posible del frío. A las 10 empecé a preocuparme y a elucubrar sobre el malentendido que podía suponer no aclarar lo de la hora extranjera o local, ¡eso significaban 6 horas! de diferencia. Frente a mí se hallaban sentados tres soldados armados con kalasnikof (el aeropuerto estaba bastante militarizado, al igual que en Addis), de vez en cuando me miraban con curiosidad, yo me dispuse a pasar el tiempo leyendo y dando cortos paseos. A las 11 empecé a ponerme nervioso, intenté llamar desde las 2 cabinas existentes en el aeropuerto pero ninguna funcionaba, hablé con una chica que trabajaba en el detector de metales que en ese momento estaba de brazos cruzados y se encogió de hombros, en relación a las cabinas de teléfonos me respondió con un lacónico: "a veces o.k. a veces out". Allí estaba yo perdido en un aeropuerto del norte de Etiopía que lo más moderno que tenía era una pizarra de Veleda para apuntar las salidas y entradas de aviones, con soldados por todas partes, sin posibilidad de comunicación, sin conocer a nadie y con gente que hablaba un idioma totalmente extraño (el tigriña, distinto al que se habla en Addis que es el amárico, aunque bastante parecido), la cosa era un poco... acojonante.

 

Finalmente me senté a tomar un café ya bastante tenso con lo que estaba pasando, le conté al camarero la situación (¡sabía inglés!) y después de una propina vino con dos trabajadores del aeropuerto trajeados haciendo preguntas, me hice entender y al escucharme nombrar a quien quería llamar (Abba Malaku llaman aquí al Padre Ángel, significa Ángel de Dios) me dijeron que no me preocupara, que ellos llamarían desde las oficinas del aeropuerto y lo arreglarían todo.

 

Al poco rato salió el más joven de los dos diciendo que ya venía hacia aquí alguien del Centro a recogerme, respiré aliviado y le agradecí poniendo la mano en el corazón (como vi hacer a algunos de ellos), se quedó conmigo y estuvimos hablando una media hora, resulta que había estudiado en el Centro del Padre Ángel, se llamaba Yitbarek y apreciaba enormemente la labor de la gente que colaboraba con ellos, se portó de maravilla conmigo, me causó muy buena impresión e incluso dio muestras de estar bastante actualizado de lo que pasaba en el mundo (milagros de la BBC News en el aeropuerto), le agradecí de corazón su ayuda y le di 20 birr para él y su compañero, me dio su teléfono por si tenía algún problema durante mi estancia o cuando volviera.

 

Me vino a recoger Stefano, un chico de unos 25 años, de voz muy grave y en un principio bastante serio y escueto en palabras. Me pidió perdón por el malentendido, a él le dijeron que llegaba en el vuelo regular de las 12 (que justo en ese momento llegaba), parece ser que hubo una confusión en los mensajes entre el Padre Ángel y Belén y entendieron que el último fue el que le di a Belén diciéndole que llegaría en ese vuelo. Le quité importancia al asunto aunque lo cierto es que en algún momento llegué a agobiarme bastante.

 

Justo cuando íbamos a salir alguien toca en mi ventana, era una persona mayor que pedía que le acercáramos a la estación de autobuses de Makele, allí es costumbre buscar acomodación en coches ajenos, Stefanos le permite subir, el hombre me mira y nos saluda muy cortésmente y muy agradecido mientras se sienta junto a mis maletas en el asiento trasero. El 4x4 hace un ruido infernal, el motor suena y vibra como si no hubiera carrocería de por medio. Stefanos y yo cruzamos algunas palabras sueltas pero ante la parquedad decido observar y absorber todo lo que se cruza en nuestro camino (que no es poco). En 10 minutos estamos en la ciudad de Makele, el hombre mayor se baja y se despide. Veo que no seguimos camino a Wukro y entramos en el centro de la ciudad de Makele, Stefano me comenta que tiene que pagar un dinero a alguien y ya de paso comeríamos en Makele. En el centro de la ciudad hay cobertura y de vez en cuando habla con la persona que estamos esperando (mejor dicho grita) a través de su viejo móvil.

 

Todo volvía a estar bien para mi y de pronto... ¡Zás! Alguien nos da un golpe en el lateral del coche hundiendo la puerta parcialmente, el otro conductor sale corriendo, y Stefano muda su aspecto de aparente impasividad, empieza a perseguir al otro conductor que se había dado a la fuga, mientras que avisaba por el móvil a la persona con la que había quedado para darle el dinero.

 

Imaginaos: Makele, tráfico caótico, cabras, burros, niños, bicicletas, motocicletas, las calles atestadas de gente de todos los colores y condiciones y nosotros persiguiendo a toda leche a un conductor que se había dado a la fuga por unas calles que eran un puro bache y que levantaba un montón de polvo. El 4x4 daba unos botes que me hacían casi levitar en el asiento (no me daba tiempo a caer), me agarré como pude y me preguntaba cuando nos pegaríamos nosotros la leche y si había algo más que me pudiera pasar ese día (la respuesta era afirmativa pero yo aún no lo sabía). No me lo podía creer, me había cagado la moscarda (aunque con mi suerte seguramente sería el mosquito de la malaria).

 

Finalmente, y con la ayuda de algún dios local que impidió que nos diéramos un tortazo, alcanzamos al otro coche que se ladeó después de unos 10 minutos de persecución. El otro conductor se bajó y empezaron a gritarse, también bajó una mujer pero el hombre le gritó y le hizo un gesto despectivo para que volviera a meterse en el coche con una caterva de niños que había en su interior. Yo me veía ya declarando como testigo en el cuartel de la policía por el altercado que tenía visos de acabar a guantazos. Stefanos al final decidió dejarle marchar (seguro de coche, ¿qué es eso?, ¡je!, que cosas tengo) y volvimos al lugar de la cita. Allí esperamos y requeteesperamos, la otra persona llegó finalmente y le dijo que lo del golpe no podía quedar así, se montó un corrillo de gente junto al coche y yo voy y me meto en el corrillo y empiezo a hablar con la gente que chapurreaba ingles, ahí era uno más de ellos y opinaba como si fuera originario de allí pero un poco más blanquito.

 

Estaba cogiéndole el gusto a esto de las "situaciones tan atípicas y extremas en un país tan distinto en una cultura tan distinta", simplemente decidí tomármelo con humor (yo solo mi me conmigo y para mis adentros claro, porque allí no esta el horno para muchos bollos), pensaba que 9 de cada 10 ciudadanos españoles en aquella situación hubieran decidido agarrar el primer avión de vuelta y mandar el dinero con esos que llegan a cualquier sitio del mundo en una furgoneta negra, pero a mí me tocó ser el décimo y aprovechar el momento para vivir cosas nuevas intentando no quedar al margen para sentirlas desde dentro, conocer al ajeno mucho más de cerca.

 

Del corrillo de opinión finalmente quedamos 5 que nos fuimos a comer a una pizzería cercana y muy oscura (pa qué las luces), apenas se veía la carta y pedí al azar poniendo el dedo en una línea más oscura que las demás, me gustó, pizza vegetariana, estaba buena y llevaba cosas que no había probado nunca o por lo menos de "aquesta" manera, el blanquito se esforzaba por entablar amena conversación con ellos e incluso a veces hasta hacia reír a la peña porque había entendido que la injeera (plato típico que estaba comiendo uno de ellos) llevaba carne de gato (cat) pero era de vaca (cow), qué susto.

 

Acaba la comida y de pronto veo que nos metemos con el cacharro por las calles... (¿calles?) digo por los baches con algún trozo liso de tierra y polvo de vez en cuando, hasta llegar a lo que se supone que es el cuartel de la policía. Mientras espero dentro del coche veo un montón de mujeres trabajando como burras en una construcción cercana haciendo masas, cargando piedras, etc. Había un par de hombres con ellas trabajando y otro dirigiendo. A falta de hombres (guerra, sida, etc) las mujeres hacen las labores más duras y llevan a los hijos para adelante como buenamente pueden (las que pueden) Son dignas de autentica admiración, se dejaban la espalda trabajando en la obra. De pronto veo salir a Stefano y Cía. con dos policías que van a acompañarnos al lugar del siniestro ¿?, respiro hondo y guardo silencio desde dentro de un embolao que no podía creer que me estuviera pasando.

 

Llegamos y vemos el coche causante del accidente, la policía va a buscarlo a su casa preguntando por el vecindario (revuelo), yo me vuelvo a quedar dentro del coche esperando, pero necesito ir al aseo. Me bajo y les digo que voy a tomarme un café, me indican uno con la mano a lo lejos, me iban a acompañar pero de pronto aparece la poli con el dueño del coche, yo los veo allí gesticulando como locos y pensando que si se le escapa a alguno la mano y le da sin querer a un policía va a haber bofetadas para todos y decido irme solo, oyendo la jarana de lejos.

 

Entro al café y pido un makiatto (café con leche muy dulce), la cafetería mide unos 10 metros cuadrados con sillas en el exterior, en el interior una pequeña barra con tres mujeres: una sirviendo en el exterior, otra poniendo los "cafeses" y otra cobrando (se llama trabajo en cadena), me miran, se miran entre ellas, se sonríen, pido el café, se alivian de ver que pido un makiato y no tienen que interpretar nada. La mujer que sirve tendría uno 60 años, me pone el café y se sonríe, echo azúcar y lo tomo corriendo pa ir al baño que ya la cosa estaba apretá, me abraso vivo y las 3 mujeres se ríen. Yo creo que el café esta así de caliente para matar todos los bichos que tiene el agua, el vaso, la cucharilla y hasta el plato aunque lo veo muy difícil dada la total ausencia de higiene que se ve por todos lados.

 

Finalmente le pido permiso a la abuela para entrar al aseo, mira a la cajera y me dice que sí con la cabeza, entro al aseo de 2 metros cuadrados y aquí... aquí.... en fin ¿cómo describir lo indescriptible?, diría que aquello era el aseo más asqueroso de todo el Universo, ni siquiera había una triste cadena de la que tirar ni ná parecido, no soy demasiado exigente con estas cosas pero aquello superaba todo lo visto con mucha diferencia, y eso que estaba en una de las calles principales, me preguntaban como serían los aseos de los baruchos de mala muerte que se veían en el interior de las calles secundarias, y preferí no imaginármelo y tirar para adelante aunque en algún momento pensé en renunciar, pero no tenía alternativa.

 

Hice uso del aseo con los ojos cerrados y nariz tapada, tomé el café, pagué, salí a la calle y volví al centro de la jarana pero... oh! Sorpresa, Oh dolor, Oh campos mustios de soledad, allí no había nadie, ni policía, ni Stefanos, ni amigos, ni conductor, ni coches ni nada de nada. Bien. Nuevo reto, respira hondo, uno, dos, uno dos. Se me acerca una chica joven que vendría a ser el equivalente del guardia de la ORA en España, y me dice por gestos que se han ido al cuartel de la policía. Bien. Decido esperar. Un blanco a esa hora en ese sitio es... eso... un blanco de las miradas. Niños pidiendo por doquier, miradas de extrañeza y algunas de ellas no muy amables, yo pensando que entre Makele y Wukro la distancia son 40 kilómetros pero se me empieza a antojar que son 400 y me va a llevar toda una vida llegar hasta el ansiado destino.

 

Finalmente aparece Stefano y promete llevarme pero... no, compra en un sitio, compra en otro sitio, "es que ya que venía me han encargado cosas para el Centro, aceite, etc", y yo con un resignado y autocompasivo "o.k. no problem". Después de 3 "tiendas" emprendemos la carretera hacia Wukro, ¿carretera?, a fuerza de ser justos la carretera estaba muy bien arreglada pero aquello era más bien un videojuego con cantidad de obstáculos para sortear: mucha gente de toda clase y condición pidiendo ser recogida (puede que entre 300 o 400 en todo el camino), animales de todo tipo (muchos burros, vacas y hasta camellos), de vez en cuando algunos enormes pedruscos que habían caído de los laterales de la carretera. Yo como siempre disfrutando de la situación e intentado ver el lado positivo de la realidad, aquello era vida, mucha vida, y me gustaba, me gustaba mucho hasta que... Stefan se vuelve hacia mí y me pide que conduzca yo, ¿yo? ¿estás seguro?, sí please, yo no puedo conducir, me estoy durmiendo.

 

Cojo el cacharro y empiezo a conducir. La situación era ésta: Stefano cierra los ojos con la cabeza hacia arriba, una música atronadora suena en la vieja radio del coche, se trata de una reiterativa música africana (me imaginaba a la tribu de los Swahili pegando saltitos al ritmo de la música, así que imaginaos), el sonido también atronador del motor y yo sorteando todo tipo de obstáculos. En una de las ocasiones se me pusieron de corbata: mientras adelantaba a un viejo minibús azul subiendo una montaña (había muchos de estos minibuses, atestados de gente y a 5 km. por hora) de pronto por el lado izquierdo 2 burros invadieron la calzada, estaban peleándose porque uno de ellos intentaba montar al otro (no pregunten nada, no merece la pena), y yo conduciendo un 4x4, aunque por lo despacio que iba parecía más un 2x2.

 

En un alarde de "gallardía" y de "plena" adaptación al entorno (¡je!) empecé a moverme al ritmo de la música africana, si hubiera sido España hubiera puesto Manolo Escobar, en Etiopía procedía eso, saludaba a la gente que me pedía subir, algunos parecían extrañarse de ver a un blanquito conduciendo por esas latitudes, otros se sonreían, incluso dejé plantado a un soldado que también pedía subir (¡ja!), ¿y si me vieran ahora mi gente de España eh?, lo que se iban a sorprender (¿o era cachondearse?).

 

Las 5 de la tarde y aún peleando con el cansancio después de haberme levantado a las 3 de la madrugada. Pero estaba disfrutando, me gustaba mucho todo lo que veía, era una buena manera de llegar a un mundo tan distinto. Mantenía la calma ante las situaciones tan inverosímiles que me estaban pasando ese día, y seguí para adelante con el mejor de mis ánimos.

 

Al final y después de superar todos los obstáculos del mundo llegamos a Wukro, despierto a Stefano, me pide que pare en la gasolinera, ¡horror! ¿alguna sorpresita más en la manga?, esto es dar la bienvenida a alguien y lo demás son gilipolleces. Vuelvo a mirar el reloj por enésima vez, llevo intentando llegar al Centro de Ángel desde las 7.45 horas que estaba en el aeropuerto de Makele, el objetivo a alcanzar está a solo cuatro pasos de burro). Pero no, esta vez no pasó nada. Lo único destacable es que la gasolinera estaba servida por dos niños, la que nos echó gasolina era una niña de no más de 12 años que le preguntaba a Stefano por mi, el niño que cobraba era aún más pequeño, ¿explotación infantil o pura necesidad de supervivencia?, las dos cosas a la vez.

 

Por fin, después de 10 horas llegué a mi destino (a 40 km. insisto), me recibió alguien cuyo nombre no me acuerdo, el Padre Ángel no estaba, OK después lo veré, ahora I am going to dormir, estoy pero que very cansado. A la cama. Después despierto, recuerdo que todo eso que me ha sucedido no ha sido un sueño, y decido ponerlo aquí, para memoria de mis herederos. No se lo creerán.

 

 

4 de noviembre de 2007 - Domingo

 

Me despierto a las 7, me doy una ducha, la habitación es muy sencilla pero es una 5 estrellas comparado con todo lo visto, dentro hay un aseo con ducha, la cama es un colchón muy estrecho, como de gomaespuma, sobre una tabla de madera, los muelles estaban vencidos, pero como digo todo esto me sabe a lujo. Desayuno con la gente, me da miedo no poder integrarme con mi inglés tan básico pero quiero hacer todo el esfuerzo que pueda. Desayuno bien, Ángel me parece una persona muy entrañable, me pregunto qué le debemos parecer gente como yo, venidos de otro mundo y de paso por su obra. Le pido a Belén hablar sobre todo esto para hacerme una composición de lugar y no meter la pata.

 

Belén es medico, tiene 50 años y viene de San Sebastián, en donde han montado una importante obra social de apoyo al Padre Ángel llamada JÁngela Solidaria. Pepe acaba de terminar periodismo, tiene 24 años, viene de Madrid, va por libre, habla un muy buen inglés y se ofrece para ayudarme en lo que pueda, lo cual agradezco enormemente.

 

Wukro tiene una población de unos 36.000 habitantes aproximadamente (según el último censo realizado en junio de este año), la grandísima mayoría vive de la agricultura, hay un muy alto índice de mortalidad infantil y la incidencia del sida es también muy alta. La zona se encuentra a unos 2.000 metros de altitud aproximadamente por lo que el clima es más llevadero que en otras zonas tropicales, e incluso por la noche hace frío y hay que ponerse pijama y manta.

 

Ahora salimos con los niños a "machacar huesos", no sé muy bien qué es eso. Me echo repelente de mosquitos. Compraré agua embotellada si puedo. Me duele un poco la cabeza, tomo una pastilla.

 

12 h.-  Se me quita el dolor de cabeza. Antes de salir hablo un poco con Belén, las horas de comida y cena son sagradas: 12.30 y 7, a Ángel es difícil pillarlo, él lleva su ritmo con los niños y es una explosión de energía en continuo movimiento. Hay un Centro Social al que irán mañana Belén y Pepe, yo iré con ellos, en el Centro se gestiona actualmente la obra del Padre Ángel, necesito ver como funcionan.

 

Un montón de niños suben a la parte de atrás del 4x4, nos vamos a las afueras de la ciudad, las calles por las que pasamos son... algunas "casas" están hechas de adobe y madera, la consistencia y el aislamiento de esas casas es nulo. La gente nos saluda al pasar, los niños se lo pasan de maravilla subidos en el coche. Cuando llegamos a un descampado los niños bajan y nos ponemos a buscar huesos de un matadero que hay cercano, de lo que se trata es de buscar huesos para machacarlos y quemarlos, eso servirá de fertilizante para el campo.

 

Los niños se acercan y preguntan por mi nombre, me cogen, les llama mucho la atención el pelo de mis antebrazos y lo tocan como algo muy especial y extraño. Algunos de ellos están hambrientos de cariño y te lo hacen saber, te abrazan, te cogen de la mano, te besan, se agarran de la camiseta mientras andan a tu lado. Uno de ellos, quizás 9 o 10 años, me coge de la mano y no me suelta en todo el rato, junto a él camina su hermano pequeño, 5 años, que tiene la cara con moscas, yo se las voy espantando a cada momento, mi mente se llena de preguntas que quiero desechar, no tiene sentido hacérselas allí, sólo se puede contestar con más preguntas. Yo me fijo en los niños más pequeños y tímidos que se autoexcluyen del grupo, voy a por ellos, los busco, les digo y les pregunto, ellos sonríen y agachan la cabeza mirando al suelo en un gesto muy entrañable. Cuánta protección necesitan, ¿cuál será su futuro?, para muchos de ellos la muerte en forma de sida, enfermedad, guerra... merecen lo mismo que los niños de ese primer mundo que lo tienen todo, aquí no tienen nada, nada, nada, Dios.....  ¿Dios?

 

El niños de 9 años que os decía antes me coge de la mano, apoya su cabeza en mi brazo y me pregunta si quiero ser su padre, le sonrío, me parte el corazón, tiene derecho al cariño, amor y cuidados de una persona que les quiera, como tantos otros miles de niños que hay aquí pero sólo encuentran las migajas que gente como el Padre Ángel pueda darles.

 

Volvemos andando hasta el Centro y algunos rincones y personas me resultan increíbles, fotografío una tienda, bueno, tienda, tienda..., en fin mejor ver la foto. La gente saluda con mucho cariño, los niños van a mi lado muy animados y sonrientes, a mitad de camino me recoge Ángel y me lleva de copiloto, estamos solos, le digo que mis héroes no son actores, músicos, deportistas, modelos, etc., que mis personas de referencia son gente como él y me contesta que todo esto lo hace por él mismo, porque se alimenta de todo lo que vive en su día a día.

 

Llegamos al Centro, coge una pelota de fútbol y voleibol ¿? y nos vamos a un "campo de deportes", muy cercano, por el camino la gente nos saluda, unos ancianos nos dan la mano casi reverencialmente, me encuentro como de polizón, esas reverencias que me hacen cuando me dan la mano no son para mi evidentemente sino para la persona que acompaña al Padre Ángel, casualmente yo en ese momento.

 

Jugamos un rato al baloncesto en unas canastas rotas y enrobinadas, Ángel se va al poco rato y yo me quedo con los niños, al final me hago una foto con todos ellos, quedo para mañana con dos de ellos para darles chicles, el de 9 años me quiere llevar a su casa. Veremos.

 

Ha sido una buena mañana la que he vivido con los niños machacando y quemando los huesos. Para ellos un lujo, para mí también.

 

Ahora toca comida y descansar un rato. Desde las 5 o 6 de la madrugada no hay luz, estoy escribiendo esto con la batería del portátil, menos mal que me lo traje, hice bien en hacer caso a Joaquín y Pascual, yo era reticente en traerlo por el peso y el atractivo que supondría para amigos de lo ajeno, pero mereció la pena.

 

 

18.20 h.-     Esta tarde he entrado en el corazón de la más absoluta miseria y pobreza. A partir de este momento entrecomillo las palabras que designan algo en nuestro mundo únicamente a los efectos de saber de que estoy hablando pero por ejemplo cuando digo "cama" aquí constituye algo muy distinto a lo que conocemos, aquí puede ser simplemente un trozo de madera o una manta en el suelo, en algunos casos con cuatro palos para elevarla del suelo.

 

Belén, Pepe y yo hemos ido a visitar a un niño al que se le había perdido la pista. Su nombre es Efrén, tiene 16 años y esta al cargo de 3 hermanos más pequeños que él, por supuesto no tienen padres ni familiares que les atiendan, viven solos en una "casa", Efrén tiene un hermano mayor pero los abandonó hace unos dos años y no volvieron a saber nada de él, puede que esté muerto. Efrén se fue el año pasado a Makele a trabajar para intentar sacar adelante a sus hermanos y seguir estudiando, lo consiguió, ahora esta nuevamente en Wukro y lo localizamos.

 

La "casa" de Efrén se compone de sólo una habitación que hace las veces de comedor, cocina y dormitorio, no tienen ni siquiera aseo. Así son todas las casas en Wukro, en algunos casos hay "letrinas" para varias "casas" en patios comunes pero lo normal es que la gente haga sus necesidades en medio de la calle. La habitación en la que viven Efrén y sus 3 hermanos mide aproximadamente unos 6 metros cuadrados. El mobiliario está compuesto de 1 "cama", 1 "mesa" y una manta en el suelo, nada más, pagan una renta mensual de 50 birr (5 euros). En la "cama" duermen los más pequeños y en la manta los dos mayores. Nos recibieron con una sonrisa acompañada de la timidez y el agradecimiento de vernos allí. Los tres mayores poseían una humildad y sencillez en su sonrisa que me llegaba hasta el alma. La puerta al "patio" donde se encuentra la "casa" lo constituye un trozo de hojalata abierta por abajo y totalmente rota. Les abrazamos. Notaba que cuando los iba abrazando ellos mantenían el abrazo y apretaban fuerte.

 

En los ojos de Efrén el tesón y la responsabilidad de mantener y sacar adelante a sus hermanos. Tiene proyectos, nunca sabremos si los podrá realizar, aquí un contratiempo significa... la guerra se encuentra cerca y se tiene conocimiento de ella en forma de niños sin padre. En la casa existe una disciplina impuesta por el mayor. Cuando Belén los visitó por primera vez era de noche, estaban estudiando los "libros" del colegio, rotos y sucios, (para ellos un tesoro) a la luz muy tenue de una "bombilla" (la única iluminación existente), Belén les preguntó por qué no habían cenado aún y le contestaron que hasta que no terminan de estudiar está prohibido tomar nada (si es que hay algo que comer). Grabé un pequeño video dentro de la "casa". Nos despedimos de ellos. Efrén se ha hecho muy mayor en muy poco tiempo, su responsabilidad es muy grande y es consciente de eso, tiene todos los obstáculos del mundo pero sus ojos reflejan una firme voluntad de vencerlos. Efrén sonríe a cada momento. Necesito acostumbrarme a todo esto. Es demasiado fuerte. Me bloquea, esta realidad me golpea con contundencia, necesito tiempo para poder asumirlo. Aunque no es necesario... me pongo las gafas de sol al salir de su casa.

 

Vamos a dar un paseo por la "calle" principal de Wukro, está llena de gente, ellos hacen la vida en la calle, la "casa" es para dormir y comer. Entro en una "tienda" que atiende una niña de 8 o 9 años y le compro una botella de agua, me sonríe, le doy 6 birr. Seguimos caminando, toda la gente nos mira, algunos de ellos se paran para vernos pasar, somos una atracción en el pueblo. Muchos nos saludan sin conocernos de nada, algunos hasta nos dan la mano.

 

Volvemos al Centro, el Padre Ángel viene del hospital, ha muerto un bebé recién nacido, tenía muy poco peso y no ha logrado sobrevivir. Parece que me cuesta menos integrarme en el grupo y conectar. Me quedo con ellos un rato después de la cena. Otro día intenso, otro día para recordar mucho tiempo. Creo que la visita a Efrén y sus hermanos quedará grabada en mi mente para toda la vida.

 

 

5 de noviembre de 2007 - Lunes

 

Hoy ha sido otra mañana bastante intensa. He llegado tarde a desayunar (maldita ducha y su escaso chorrito). Nos hemos ido a entrevistarnos con el responsable del Centro Social que lleva la gestión de la ayuda que le llega al Padre Ángel ante la imposibilidad de hacerlo todo por él mismo. Inserto a continuación un extracto del e-mail que le intento  enviar al responsable de la ONG en España, la conexión del Centro no funciona hace un montón de tiempo y los 2 "locales" (por llamarlos de alguna manera) que hay en el pueblo están llenos de cables viejos por todos lados, se caen a trozos y funcionan cuando quieren con velocidades muy pequeñas.

 

Hola xxxxx e xxxx, un abrazo muy fuerte a los dos desde Wukro, perdonad que no haya conectado antes con vosotros, en el Centro llevan muchos días sin conexión y el ritmo es bastante fuerte, queda poco tiempo después de visitas, entrevistas, estar con los niños, etc.

 

Para empezar te diré que me entrevisté con Endris en Addis Abbeba, tuvimos un primer contacto a mediodía y nos volvimos a ver por la tarde. Bushe, el taxista estuvo genial, conmigo el día entero llevándome a todos los sitios: embajada, la casa de Mónica (a la que por cierto no pude ver porque no estaba, lo intentaré de nuevo a la vuelta), con Endris un par de veces, etc.

 

En cuanto a Endris me pareció un mediador bastante válido en nuestro intento de formación profesional de niños a través de empresas de la zona de Wukro y alrededores o subsidiariamente fuera de ella. Le planteé cuál era nuestro proyecto (aunque ya lo conocía por los correos que le había enviado previamente). Esta muy conforme con el objetivo planteado. Hemos quedado en que con carácter previo a la vuelta de mi estancia en Wukro le daría una copia de las fichas actualizadas de los niños acogidos a nuestro programa con las posibilidades de cada uno y sobre esa información él se pondrá a trabajar con empresas que les interese acogerse al programa. Le insistí en que queremos evitar a toda costa en que el objetivo degenere en una simple explotación infantil que no sirva para la formación de los chicos, está concienciado de ese punto y el sería nuestro supervisor aparte de nosotros mismos si alguien viene el año que viene hablando con los propios chicos. Ví en él una actitud de total implicación, en poco tiempo veremos los resultados de esta iniciativa, creo que tiene posibilidades de convertirse en algo real.

 

En cuanto a la embajada española (medidas de seguridad a tope) estuve hablando con el Sr. Patiño, me recibió junto con una chica que trabajaba en desarrollo social. Rellené una ficha. Me comentaron respecto de las empresas que contactara con la Cámara de Comercio de Addis Abbeba ya que ellos podían facilitarme una lista de empresas que tuvieran el potencial suficiente para el objetivo del proyecto. Me dio una tarjeta y número de teléfono por si tenía cualquier problema.

 

En cuanto al trabajo en Wukro he de comentarte lo siguiente: efectivamente Ángel lleva su ritmo y parece ser que hasta soy afortunado de poder verle, tiene una inspección de una organización alemana que le sufraga los gastos del colegio y están haciendo una evaluación a fondo, con lo que según me cuentan se le puede ver por aquí con más frecuencia de lo habitual.

 

Por lo tanto creemos que ha sido una muy buena idea el hecho de crear el Centro Social que lleva a cabo un "Programa de desarrollo y social en Wukro" que canaliza y gestiona todo lo que recibe el padre Ángel, ya que él no puede dedicar a todo esto el tiempo mínimo necesario.

 

Ahora mismo estamos aquí 3 españoles: Pepe, de Madrid, que va por libre y se queda hasta finales de enero, Belén, de San Sebastián, que no es la que tu comentabas pero viene con otra organización, se queda hasta este sábado, ha venido sólo 3 semanas, y yo. Ha sido una suerte que estuvieran ellos con un trabajo previo hecho sobre el terreno, me ha servido para aterrizar y no quedarme todo el tiempo despistado sobre la realidad de lo que ocurre alrededor del Centro y las distintas situaciones de los niños, me he orientado y aclarado de quién es quién y cómo.

 

Esta mañana hemos ido los tres a ver el Centro Social, había mucha gente en su interior. El Centro está situado en una calle (léase calle de Wukro) al final de la ciudad, tiene un patio muy grande y dos habitaciones relativamente grandes que les sirven de oficinas. Había mucha gente cuando hemos llegado, estaban entregando la cantidad mensual que tienen asignada a cada familia, al llegar nosotros se ha montado una concentración a nuestro alrededor, sobre todo por la gente que ya conoce a Pepe y Belén, la cual ya había venido en los dos años anteriores. Posteriormente Ángel nos ha presentado a la persona que está al frente del Centro Social, se llama Brehane y hemos estado charlando con el (Belén y yo) sobre todo lo que llevamos en cartera para hablar y gestionar, en cuanto a nuestra ONG le he comentado los siguientes puntos:

 

1) Necesidad de recatalogación de los niños adscritos al programa de NIÑOS DE LA CALLE EN ETIOPÍA, le he dejado el CD con las fichas de los niños (me he quedado con una copia en el ordenador). Le he comentado que me confirme los que continúan dentro del programa y los que han entrado nuevos. Respecto de éstos últimos le dije que me avisara para hacerles una foto, y posteriormente reunirlos a todos y hacerles una foto de grupo.

 

2) Respecto del tema de madres tutoras me va a hacer un informe con las necesidades, salarios, número de niños que estarían bajo la tutela de cada madre, etc. Le he informado de nuestra intención de aumentar el número de madres tutoras entre 10 y 15, se ha quedado muy sorprendido y contento porque ahora solamente tienen contratadas 17 madres tutoras y las necesidades son excesivamente grandes como para que éstas pueden hacer el mínimo trabajo digno de seguimiento que requieren los más de 1.600 niños.

 

3) Con respecto al tercer punto, tema de microcréditos, ayuda al autoempleo, cuando se lo he comentado los ojos le daban vueltas. Resulta que estaban buscando alguien interesado en ese mismo tema y de hecho ya tienen propuestas de autoempleos para chicos en cooperativa, para la creación de empleo rápido y segura a falta únicamente de financiación. Ha habido bastante entusiasmo por ambas partes al tocar este punto porque se ve como una cosa muy factible a corto plazo, tan a corto como que incluso tienen visto locales, necesidades de

 

Fecha de Publicación del Arículo: 2008-06-07
Autor: Jesus Saez Carreras


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